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Resumen Demografico de la población en España durante los siglos XVI y XVII


Reproducido de Espasa  (CD)

La Corona de Castilla


Después del llamado Censo de Quintanilla de 1482 no hay recuentos globales de la población de la Corona de Castilla hasta el que Felipe Ruiz Martín (1967) sitúa en torno al año 1530. Los efectivos totales en esa fecha, unos 4.485.389 habitantes, serían similares o poco mayores a los de finales del siglo XV, pues entre 1502 y 1508 se asiste a un calamitoso período de crisis agrarias, a las que se sumó la grave y extendida epidemia de peste de 1507, que afectó especialmente a Andalucía.

Pero, entre 1530 y 1591 la población de la Corona de Castilla incrementó notablemente sus efectivos. Parece innegable que el siglo XVII constituyó un período crítico para la España, repercutiendo sensiblemente en la trayectoria global de la Corona y provocando una variación en el peso de ésta respecto al total poblacional español. Así, las provincias y partidos de la Corona de Castilla representarían en torno al 80 % de la población total española en 1591, frente a un 75 % en 1712.

Galicia, Asturias y Cantabria


La franja septentrional de la Corona de Castilla, limitada hacia el sur por las estribaciones de la cordillera Cantábrica, se caracterizaba por un poblamiento disperso de aldeas y caseríos, entre los cuales sobresalían villas marineras y mercantiles como Pontevedra, La Coruña, Santander o Castro-Urdiales, abocados a una economía atlántica.

En el siglo XVI, el comportamiento de la demografía gallega y cántabra es bastante concordante con la evolución de la Castilla mesetaria.

Las dos décadas finales del XVI y el primer tercio del XVII, la existencia de un comportamiento diferencial de su poblamiento respecto al resto de regiones de la Corona de Castilla.

El modelo gallego-asturiano del Seiscientos presenta a partir de 1630-1640 un ciclo de euforia demográfica que se alarga hasta la última década del siglo y que posibilita un crecimiento poblacional extraordinario.

Andalucía


En la trayectoria demográfica de la Andalucía del siglo XVI se aprecia una clara dicotomía entre una baja Andalucía en pleno auge demográfico y la Andalucía oriental con una segunda mitad de la centuria trágicamente marcada por la diáspora morisca del reino de Granada.

Las circunstancias fueron distintas en el reino de Granada, en que de un total de 275.000 personas a mitad del siglo XVI unas 150.000 eran moriscas. El movimiento repoblador que siguió a la Guerra de Granada fue protagonizado en su mayoría por elementos andaluces junto con algunos grupos levantinos y muy pocos gallegos

La Andalucía oriental salió del siglo XVII incluso con un saldo ligeramente positivo, merced al crecimiento de núcleos como Almería, Málaga o Granada. Tampoco la Andalucía occidental salió tan mal parada, porque si la peste de mediados de la centuria supuso una gran pérdida para Sevilla, la ciudad de Córdoba pudo reponerse bastante bien.

Las provincias vascas y el reino de Navarra


Entre 1500 y 1700 el balance global de la población vasca se caracteriza por un estancamiento.

El reino de Aragón


Los datos disponibles sobre Aragón para evaluar la trayectoria demográfica del período que nos ocupa, quedan limitados a tres recuentos de carácter fiscal. En conjunto, el número de aragoneses se habría incrementado en un 50 % a lo largo de las dos centurias. A grandes rasgos el siglo XVI fue una centuria en que la población creció notablemente, mientras que el XVII estaría marcado por el estancamiento y, en algunos casos, por la regresión, aunque sin descender al umbral poblacional existente en 1500.

Las epidemias pestíferas que afectaron al reino aragonés y las deficientes cosechas no constituyeron unos frenos insuperables para el positivo desarrollo demográfico del Quinientos, el cual se vio también favorecido por una corriente migratoria de franceses procedentes del sur de Francia.

El reino de Valencia


En conjunto, el aumento demográfico del siglo XVI es indiscutible, con un período excepcionalmente favorable a partir de las décadas centrales de la centuria. Entre la llamada Traza de Jerónimo Muñoz, levantada alrededor de 1565-1572, y el recuento del año 1609, que acompañó la dramática expulsión de los moriscos, la población en su conjunto creció un 51 %.

El incremento poblacional valenciano de la segunda mitad del siglo XVI también se vio favorecido por diversos flujos migratorios.

El siglo XVII valenciano está marcado por el suceso trascendental de la expulsión morisca de 1609 que supuso la pérdida inmediata de alrededor de 120.000 personas. Se inicia un ciclo de crecimiento poblacional que perdurará en toda la Edad Moderna.

El reino de Mallorca


Los datos aportados por F. Sevillano Colom (1974) y José Juan Vidal (1981) sobre la recaudación del morabatí, nos informan de un notable crecimiento poblacional de la isla de Mallorca en el siglo XVI.

Pero no fue un período de crecimiento demográfico uniforme. Tras una expansión importante en las dos primeras décadas de la centuria, la germanía y sus secuelas de asesinatos, ajusticiamientos y migraciones, la peste de 1523 y la desestructuración económica subsiguiente frenaron la expansión ya iniciada en las últimas décadas del siglo anterior. Sólo a partir de los años treinta se iniciaría una recuperación que llevaría a que en 1573 se alcanzase el número de fuegos existentes en 1329, antes de la contracción bajomedieval.

A fines del siglo XV y comienzos del XVI, el traslado del centro de gravedad económico europeo del Mediterráneo al Atlántico, hicieron que la capital del reino de Mallorca fuera perdiendo gran parte de su antigua importancia comercial, resintiéndose de ello su demografía. Los crecimientos más intensos se dieron en las áreas central, meridional y oriental de la isla.

La segunda mitad del siglo XVII fue, en contraste, un período de claro incremento de la población en Mallorca, acompañado de un aumento de la producción agrícola.

El principado de Cataluña


La trayectoria de la población catalana durante los siglos XVI y XVII ha sido perfilada en varios trabajos. A grandes rasgos, la
caracterización propuesta se podría resumir en los tres puntos siguientes:

1. Desde el inicio de la crisis bajomedieval, la población catalana experimentaría la sucesión de cuatro movimientos de larga duración desglosados así: a) a la baja, de 1300 al 1497; b) al alza, de 1497; c) a la baja, del 1626 al 1655, y d) al alza, de 1655 al 1717.

2. En el crecimiento del largo siglo XVI se podrían distinguir dos etapas: la primera, de 1497 a 1553, se caracterizaría por un incremento moderado y en la segunda, que llegaría hasta 1626, el incremento se aceleraría. El factor clave es la importantísima corriente migratoria francesa.

3. La tendencia al estancamiento del siglo XVII sería motivada por el lastre de la etapa depresiva de los años centrales de la centuria y que tiene en la peste de 1650-1654 un punto claro de referencia. Sin embargo, la convulsión de la gran epidemia de peste que azotó el principado no es la única responsable de la regresión. Desde el momento crítico de 1620, el comercio mediterráneo experimenta una crisis general, circunstancia que enlaza con una serie de malas añadas en el campo, responsables de graves carestías como la de 1630-1631. Por otra parte, la Guerra dels Segadors y la pugna por la hegemonía de Europa entre las monarquías francesa y española, convertirán Cataluña en escenario de continuas guerras entre 1635 y 1659.